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Un batallón ciudadano contra el picudo

La Plataforma Picudo Cero lucha para salvar el palmeral ilicitano

Como si de un virus mortal se tratara, el picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus) ha sembrado la destrucción tras su llegada a la provincia de Alicante allá por el 2005. Este bichejo llegó procedente de palmeras infectadas de Egipto, las cuales fueron a parar a las construcciones urbanísticas realizadas por toda la franja mediterránea y desde entonces su legado ha sido devastador. Los agricultores ilicitanos especulan que, a día de hoy, puede que se hayan destruido entre 15.000 y 20.000 palmeras solo en el campo de Elche y, pese a que se han tomado innumerables medidas, todavía no se conseguido dar con la tecla que ejecute la plaga.

El desconocimiento sobre la existencia del enemigo y de sus características, ligado a la total incapacidad para hacerle frente, provocó que la crisis del ‘morrudo’ rojo fuera masiva. Los primeros focos de infección se dieron en Málaga y más tarde se propagaron por Valencia y Almería hasta llegar a Elche. Juan Carlos Romero, periodista especializado en la lucha contra el picudo, expone que la crisis del picudo actuó igual que una “infección”, ya que desde que la gente se da cuenta de lo que pasa hasta que se investiga y se encuentra una cura ya han muerto miles de ejemplares. “Al principio hubo mucho desconocimiento sobre cómo afrontar el problema. Ha sido un cumulo, puesto que hasta que no han conocido verdaderamente a quien se enfrentan las autoridades han dado muchos palos de ciego”, afirma Romero.

Para combatir la expansión de la plaga los viveristas, el ayuntamiento de Elche, el Ministerio de Agricultura y otras agrupaciones como los agricultores especializados en palma blanca y el resto comenzaron a luchar contra el insecto cada uno por su cuenta. Ante esta situación, surgió la plataforma ciudadana Picudo Cero con el objetivo de aglutinar a los colectivos, dar a conocer todas las lineas de investigación, coordinar todas las informaciones, potenciar los métodos más eficaces y recoger fondos. Su presidente, Santiago Pascual, explica que este colectivo se reúne periódicamente para tratar las novedades que puedan surgir y considera que Picudo Cero no es un elemento de lucha, sino de “concienciación”, ya que es una “caja de resonancia para que se mantenga viva la lucha, se evolucione en la investigación y en la inversión”.

En los más de dos años que llevan en activo los integrantes de Picudo Cero han combatido a esta plaga creando grupos de voluntariado para limpiar huertos o asambleas de trabajo pero, sin duda, la más importante fue la de traer a la doctora Pilar Mateo, que es una eminencia mundial y que se puso manos a la obra en la investigación contra el picudo, lo que suscitó una gran repercusión a nivel nacional. “El objetivo principal de Picudo Cero es acudir a Bruselas y que se realice un presupuesto extraordinario para que podamos destruir las palmeras afectadas, aplicar los tratamientos y para concienciar a la sociedad de que todos tenemos que cuidar las palmeras, porque a día de hoy la gente de Elche todavía no está concienciada”, señala Santiago Pascual.

picudo rojo

El insecto llamado picudo rojo visto de cerca. FLICKR

Tratamientos

El desarrollo de las armas para combatir la plaga del picudo se han centrado en tres vertientes de investigación pero todavía no se ha encontrado una cura 100% efectiva. La primera vía es la de los nematodos, que son unos gusanos microscópicos que lo devoran, mientras que la segunda está desarrollada por la empresa Glen Biotech de la Universidad de Alicante y es una especie de hongo que infecta al bicho y lo mata. El edil de Vía Pública del ayuntamiento de Elche, Manuel Rodríguez, asevera que esta nueva arma biológica es la “decimoquinta medida” que se toma para proteger el patrimonio histórico y que se depositó en ella “muchas esperanzas”, ya que es de “bajo coste” y puede ser de “mucha importancia” para el futuro.

Sin embargo, es en la tercera fuerza en la que Picudo Cero más esperanza ha puesto y es que se compone de una pintura polimérica desarrollada por Pilar Mateo con la que se pinta la palmera y ésta queda totalmente protegida durante más de un año. “El Ayuntamiento ha creado una barrera para proteger el patrimonio histórico con esta pintura, en total son 3,5 kilómetros de palmeras tratadas que están en el casco urbano pero las del campo se quedan fuera”, explica el periodista Juan Carlos Romero. No obstante, el problema radica en que los agricultores no cuentan con los medios económicos suficientes para tratar a sus palmeras y las aportaciones de las administraciones son “escasas”, según afirma el presidente de Picudo Cero, por lo que erradicar al completo esta plaga se presenta como una guerra eterna.

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